"- Tu profecía, poeta. ; - Mañana hablarán los mudos: el corazón y la piedra".

ANTONIO MACHADO

viernes, 6 de febrero de 2009


EL MUNDO FELIZ

Una mañana más ha amanecido mientras salgo al mundo
En busca de esperanza,
El espejo al hablar me dijo que soy una persona
Y en busca de otras tantas comienza mi batalla diaria.

Hoy he salido a la vida
Y allí encontré un bello mundo
En el que los ricos gozaban.
Veleros millonarios manejaban los aires
De un sistema brillante,
Jueces y escuderos guardaban que
Las leyes se cumplieran,
Que la sumisión se ejecutara,
Que el orden caótico se mantuviera.

Al salir de casa me encontré con ese mundo feliz
Que dicen vive ahí afuera,
Entonces vi al empresario adinerado
Que sonreía bajo su propia mugre de telaraña,
Su sonrisa de felicidad flotaba vencedora
En un mundo en el que sueña jamás caerá.
Palpitaba en él la felicidad del que tiene
La sonrisa del vencedor
El conocimiento de la soberbia.

Salí en busca de reacciones humanas
Y me encontré un mundo con mando invisible
En el que una voz con eco gobernaba a un ejército de robots.
El soplido mudo de una bandera
Había penetrado en el ferviente corazón
De los miles de robots,
Cuyo cerebro carcomido por los gusanos del poder
No alcanza a ver que la vida
Es mucho más que obedecer.

Las banderas bordaron fronteras,
Las fronteras tejieron miedos,
Los miedos se confundieron con la razón,
Y la razón enloqueció en el pozo del poder,
Perdida en el tiempo, en su soledad,
En su destierro maldito

Curioso me era ver
Que los miles de robots se creían dueños
De montañas y de ríos,
De los valles y de los pájaros,
De los mares y de los aires.
Sonreían dignos de creer
Que hacían lo que debían
Incluso si tenían que separar aquellos modelos
Que eran diferentes a ellos mismos.

Un día más amaneció
Y salí en busca de un mundo feliz,
Lo encontré allí arriba
En la cima de lo que todos buscan.
Entre continuos espantos feroces
Observé un mundo rico de grandes casas
Y lujuria perversa en la vida de los dioses sin cielo,
Que dejaban tras de si un río de peces muertos
Y sonreían y sonreían tras su empacho
De fría emocionalidad.

Me vi rodeado en un mundo
En el que más tiene, tiene más,
Un mundo de excesos incoherentes
Y de defectos humanitarios,
Un mundo psicótico de compra-venta.
Un mundo sin ideas,
Un mundo de soledades,
Un mundo de rezos y
Leyes fabricadas por un sistema
Que hacía carcajear a los bancos.

Aquel cielo de ángeles sonrientes
Vivía bajo una nube de papel,
Absorbida la dignidad humana
No era el mundo feliz que
Desde muy pequeño y a todas horas
me habían contado,
con su príncipe y princesa,
son su final feliz,
con su mentira eterna.

Ese mundo feliz que creí divisar,
No era más que un crujiente espejo
De estúpidas sonrisas,
Un mundo de crueles carniceros
Que amasaban las ideas de los que no tenían,
Un mundo de redes venenosas,
Un mundo limitado, deforme y esperpéntico,
Un mundo de jinetes sanguinarios
Que sellaban sus leyes para que
Su castillo no fuese derrocado.

Emprendí un largo camino
En busca de las consecuencias de su mundo feliz
Y contemplé su ejército de robots oxidados
De tanto llorar.

Bajo la luz de las estrellas dormía el mendigo
Mientras me confesaba con voz tenues:
“mejor aquí que bajo las bombas”.

Quise emprender diálogo con esos robots dormidos,
Pero sus palabras carecían de significado,
De sentido,
De sentimientos.
Caminé en busca de una sonrisa por más estúpida que fuese,
Por más cargada de falsedad que fuera,
Pero no la encontré,
Los robots ya no sonreían.

Presos de las redes del pescador,
Las ideas de los robots no fueron programadas
Para pensar ni para rebelarse.
Un mundo de control y de sueños imposibles
Navegaba por las maltrechas venas
De los robots sin corazón.
Cuando llorar, cuando reir,
Por qué sentir,
No sentir.

Salí un día ilusionado en busca de la razón
Allí donde entre lágrimas duerme el sol
Y me encontré un mundo de marionetas de espiral,
De sentimientos de papel.
Encontré un mundo donde los niños todavía empuñan el fusil,
Donde el sol amanece enfermo
Y las estrellas temen alumbrar.

Tropecé con un mundo de obreros descontentos,
De barricadas cargadas de odio racional,
De fronteras que ardían con sus banderas malolientes,
Allí estaba ahogada la voz del que no tiene,
Presos y esclavos de los bancos,
Con su cielo gris y deforme,
Son su enredada razón
Y sus miedos justificados,
Control que mantea su perverso corazón
Y fruto de la ignorancia
Nos sumergía a todos
En un submundo feliz.

Un submundo feliz,
El mundo de los otros,
De los que no tienen,
De los robots que no sonríen,
Un día,
Ese mundo
Estallará de furia.

Paco



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