"- Tu profecía, poeta. ; - Mañana hablarán los mudos: el corazón y la piedra".

ANTONIO MACHADO

jueves, 12 de febrero de 2009

EL PRÍNCIPE CON CASTILLO


EL PRINCIPE CON CASTILLO

Esta es la triste historia
De un príncipe que no llegó a rey,
Que quedó atrapado entre los errores de la sociedad
Entre sus rejas y su maldad.

Un bautizo y una comunión
Marcaron el camino de la desilusión,
De niño lo convirtieron en príncipe,
Intereses comerciales para una educación deficiente.
Un camino de sueños imposibles
Para jugar con un futuro invisible.

Años de falsas ilusiones y un cuento sin fin,
Todo para un niño con ilusiones de príncipe,
y al final su familia que no lo quiere
y al final el alcohol como motín.

Dejó de ser niño
A base de impulsos de temor,
convirtiendo su vida en un error
un trágico destino emprendió.

A los dieciocho años el príncipe salió en busca de libertad,
Rompiendo las fronteras de una familia sin amor,
Vendió su cuerpo y su tiempo a una multinacional.
Haciendo lo imposible para ganarse el pan.

Ahora un horario como timón de su vida
Un cruel despertador para no olvidar su obligación
Y un bozal con mando a distancia
Que controló cada paso que dio.

Una y mil noches sin dormir,
El estrés que ahoga su vida
Ya no puede más,
Ahora el sutil silbido del sufrimiento le hace débil
Y así comienza a confabularse con la desobediencia.

Bajo una tormenta de gritos
Su corazón se negó a vender su cuerpo, su tiempo y su vida,
Un despido y el silencio eterno le acompañaron
Allí donde todos temen acudir,
Y nuestro príncipe que urge de rabia, no responde
A la llamada de la paciencia,
Y nuestro príncipe,
Que solo aprendió a rezar y obedecer
Jugó con el confuso juego del desconocimiento.

Sólo y despreocupado por su futuro,
Ayuda olvidada
Perdida en el desierto de la nada,
Así quedó nuestro príncipe,
Sin dinero y sin trabajo,
Sin ilusión y sin un abrazo.

Pasaron meses de cabalgadas en silencio,
La calle como hogar y
La luz de las estrellas que le arropaban
Entre el frío y una vez más
El largo desierto de la nada.

Quedó sin hogar y sin familia,
Sólo un viejo pantalón y una camisa con olor a soledad,
La barba le creció larga y extensa,
Tanto como amargo fue su dolor,
Tanto, que nuestro príncipe ya no piensa.

Y cae la lluvia
Mientras él responde con un sombrero de cartón
Mientras se ducha entre húmedas lágrimas.
Mientras las miradas de los demás
Juegan a eso de ser invisible y poco más.

La sonrisa la perdió a lo lejos
Entre los ladridos de los perdidos
Y el príncipe de las ilusiones
Se convirtió en el rey de las decepciones.

Y así llegó a la cima de su último error.

Su boca vacía, sus ojos apagados,
Un robo y la pistola en la sien.
Una condena rápida lo mordió
Palabras furtivas de los dioses del poder,
Un juez que le regala un castillo
Para el príncipe que no llegó a rey.

Es el príncipe con su castillo,
El príncipe de las desilusiones,
Ahora vive entre barrotes
Que ahogan sin piedad sus emociones.

Un paso, dos, tres, y ya está dentro.
Le abraza el castigo,
A lo lejos una estrella
Que lo observa y tiembla de pena,
le acompaña un escalofrío,
Es el frío de su habitación
Que le hace cosquillas hasta perder la razón.

Sí, un castillo frío y sombrío
Dio cobijo a sus torturados huesos,
Su boca ya no estaba vacía,
Pero sus manos agarradas a una sucia verja,
Le recordaban ese mundo estéril
que ya no lo quiere,
Una vida vacía que lo ha traicionado
Aunque ahora tiene su propio castillo
Del que no saldrá en cinco años.


Quiere llorar y ya no le quedan más lágrimas que derrochar
Hace años olvidó perdida su sonrisa
Enredada en una gran mentira,
Por no tener para comer
La sociedad lo juzgó el rey de la delincuencia
Que en su castillo dormirá
Dando forma y color a sus nuevas pesadillas.

Y aquí acaba esta triste historia
En una fría celda y con su libertad dormida afuera,
Sólo, sólo en su castillo
Entre el miedo y la tristeza
Duerme encadenado el hombre que jamás mató.
Sólo, sólo en su castillo,
duerme una víctima más
de esta gran mentira
que llamamos Sociedad.


Paco


(Muchas personas, víctimas tanto de los errores y defectos de la sociedad como de su propia familia se ven de un día para otro en la calle sin nada más que sus piernas para caminar, ante la necesidad de comer deben robar, y como consecuencia de todo este tramposo juego caen juzgados por la sociedad en las sombras de las cárceles, cuando por desgracia la clase alta de la sociedad quebranta la ley pero parece ser que no hay cárceles para ellos. Por desgracia este caso se da en la vida mucho más de lo que nuestras mentes puedan llegar a imaginar).

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