"- Tu profecía, poeta. ; - Mañana hablarán los mudos: el corazón y la piedra".

ANTONIO MACHADO

miércoles, 4 de febrero de 2009




LAS RIENDAS DEL DOMADOR

Nací programado
para convertirme en un alma sin voz,
mi frágil conciencia
no se atrevía a definir la barrera de la realidad.
Desde mi infancia me inyectaron ideas manipuladas,
soberbias preprogramadas
sujetas a las riendas del domador,
Y yo, sueños de un infante indecente,
Me crié preso y aturdido entre sus vastas cuerdas.

Los días parecían noches, las noches no tenían estrellas,
un mundo cruel e inhumano me enseñaron,
mientras yo me protegía airoso
entre mis anárquicos sueños,
los sueños de un infante indecente.
Que mueran los sentimientos, no llores más,
Que falleció lo humano, pero este mundo continúa en progreso.

Me enseñaron en qué Dios debía creer
Y luego aprendí
Qué Dios es el que manda.

Desde que mis palabras escaparon a la libertad,
Sentí cómo quedaron presas, dirigidas al abismo
Por los latidos del domador,
Pero en mis sueños
Sueños de un infante indecente,
El fuego acariciaba cada poro de su piel,
Cubriéndolo de rabioso llanto,
Queriéndose alejar de sus radiaciones,
Queriendo escapar del domador insaciable.

La orden del consumismo clavada en mi retina,
Mis brazos anclados
A ataúdes de papel,
Las caras del poder reflejadas en su alma
Me enseñaron que sólo existía un camino
Para poder llegar al cielo:
Entrega tu alma a la rueda del dinero.

Los sentimientos murieron hace años
Me dijeron que lo humano acabó secuestrado por el mar
Y allí lo ahogó muriendo sin dolor.

Ya no habla la amistad,
Mucho menos la comprensión,
Nada tiene hueco en este oscuro baúl,
Ni la lástima, solo voces de piedras que saludan al alba,
Sólo el eco de una garganta seccionada,
Lo que en un tiempo fue una voz humana,
Se ha convertido en el rechinar de las monedas,
La sombra de un papel
El poder del dinero.

La Iglesia se transformó en centro comercial
Y sus peregrinos la clase media,
Me educaron con un dictamen claro
Debía comprar para sentirme vivo
Debía consumir para ayudar al engranaje,
Y sobre todo
Debía dejar de pensar.
No pienses, me enseñaron, que la historia ya está escrita,
No grites, No, que el mundo no va a cambiar.
Pero en mis sueños,
Sueños de un infante indecente
el fuego acaricia cada poro de su piel
Se quemaron con las cenizas de sus ideas manipuladas
Y su inyección cerebral no conquistó
Mi corazón.

En el interior de mi espanto
Divisé personas muertas que andan,
Todas callan ante iguales a su lado,
Incomunicación humana
Incomunicación de sentimientos,
Sensibilidad humana malherida,
Es el amargo amanecer de su doctrina.

Dime cuanto cuesta una sonrisa,
Dime cuanto vale una lágrima,
Dime qué me das por un abrazo,
Dime por qué no me dices buenos días.
Dinero, dímelo.

Desde mi infancia me enseñaron que nací para trabajar,
Que todo lo demás daba igual,
Que en esta carrera loca
Donde lo humano tropezó en el primer su escalón,
El rey de la jerarquía reflejaba en su rostro la monarquía.

En mis sueños,
Sueños de un infante indecente,
El fuego de mis latidos dieron vida a mi pensar
Que cubierto de asco
Se prendió de un rojo e intenso calor
Y pudo quemar las riendas del domador.

Me alejé del pensamiento del poder
negándome a llorar en la soledad,
Su fiebre no pudo penetrarme
Y cada vez me parecen más pequeños esos billetes,
Y Cada vez me niego más a seguir su doctrina,
Y Cada vez,
Mi cuello se siente más suelto
Ante las riendas del domador,
Cada vez me siento más libre.

Paco.




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