"- Tu profecía, poeta. ; - Mañana hablarán los mudos: el corazón y la piedra".

ANTONIO MACHADO

lunes, 30 de marzo de 2009

OJOS DE NIÑO

OJOS DE NIÑO


¿Quien debe aprender de quien?
¿El niño del adulto, o el adulto del niño?

Abandonamos la infancia centrándonos en el temor de lo inevitable, que nuestro cuerpo vaya acercándose a la frontera del envejecimiento y avance, y con ello nos olvidamos de jugar al juego más importante que puede existir, el juego de la vida, y sus más aptos protagonistas, los niños.

Olvidamos, movidos por una inercia corrupta, ese mundo inocente de párpados sin odio que representa la infancia de nuestras vidas, ese mundo de ojos de niño que tan bien arreglarían los desarreglos de los adultos. Y ahí estamos nosotros, los adultos, provocando a los lamentos por el avance de nuestro cuerpo y ellos, los niños, que nos muestran el secreto de la juventud en cada momento, sin avaricias y sin recelos. Si quieres saborear el auténtico aroma del verdadero Santo Grial, si quieres desafiar al envejecimiento de tu cuerpo y a las sombras de tu alma, siéntate junto a un niño y escúchalo de verdad, te está esperando, y así sabrás qué es sentirse realmente joven.

Voy a ser curioso y me voy a permitir el hecho de juzgaros sin conoceros, pero apostaría mis sueños al cielo que con vuestra entrada en el mundo de los adultos habéis dejado olvidada esa sonrisa de niño que tan felices os hizo de pequeños, la más auténtica de todas, la sonrisa de la que presumíais abanderando la inocencia y la amistad.

Así que os animo a leer el siguiente texto para que consigáis recuperar esa sonrisa, para que no se pierda como la vista en un cristal empañado, para que aprendáis a moldearla y darle vida de nuevo, y para que con vuestro recuerdo de ojos de niño, consigáis ganar la batalla a la desilusión evitando las arrugas de la imaginación, y así que podáis crear vuestros propios sueños en color. Y con todo esto, espero que desde vuestra sonrisa de niño volváis a amar y admirar el mundo maravilloso de los niños.

Los niños son los eternos olvidados, sin voz ni voto callan porque nadie les comprende mientras ellos no saben por qué los adultos juegan tan mal al juego de la vida.
Los vemos y nunca les consultamos
Miran pero no vemos lo que observan
Hablan pero no entendemos lo que dicen
Juegan al escondite pero nos escondemos de sus juegos,
y ellos,
siempre están ahí, dándole vida a la vida misma.

Los niños son la vida misma, si,
otorgan de la necesaria simetría a nuestros corazones,
forman exactas columnas de amor en nuestro interior
para combatir la desazón,
construyen imperios de sonrisas tan auténticas y sanas
como vitales y necesarias,
ahuyentan el humo de la vejez
escondiéndola una y otra vez,
guardan en un congelador todos los corazones helados y
se aventuran al riesgo continuo de buscar un ardiente abrazo
y un beso de comprensión.

Dicho todo esto,
¿Quién no quiere recuperar el recuerdo de su propia infancia? Esos juegos de calle, horas interminables con el único objetivo de divertirse, juegos de cuerda y de escondite, voces en el aire que solo los ojos de niño entiende, alegría y buen corazón, herederos de la brillante luz de inocencia pura, gritos de padres hambrientos siempre a la misma hora, explosión de energía bruta, y juegos, siempre juegos, todo un mundo de juegos, de imitaciones y de carreras, de balones y gomas, de pañuelos y cuerdas, en grupo o en solitario, pero siempre juegos, y piensa ahora en todos los que la lupa de tu mente consiga recordar, seguro que son muchos más.

Yo me he propuesto regresar a los ojos de niño, recuperando la rutina de la inocencia, para recuperar la sonrisa que tuvimos y que nos empeñamos en esconder. Y quiero imaginar que sigo niño para así poder enseñarle al mundo la solución a su enfermedad de corazón, y es que una vida de juegos y de mundos de mariposas creo que se merece mayor atención, no solamente una autoridad ciega y gritos sin dirección.

Me gustaría que le prestéis mayor atención a los niños, porque
Si miramos a los más pequeños,
si nos fijamos en sus ojitos de niño,
recuperaremos el habla de la cordura,
formando un nuevo paisaje en nuestras vidas,
aprendiendo de su respiración de ternura,
aprendiendo de su mirada de niño.

Así que te invito a que el vuelo de tus ojos aterrice en la mirada inocente de los niños, que para ello guardan y viven con el auténtico secreto de la armonía.
Los niños,
juegan a ignorar el desatino,
juegan a aprender lo que no conocen,
juegan a despistar el aburrimiento,
e ignoran tu ignorancia, porque
juegan a jugar, a vivir, con todo ese amor que tienen ahí tan adentro,
para ti y para mi.
Y los niños llevan dentro un corazón invencible,
al llanto y a lo impredecible,
son capaces de restaurar el amor,
y si los miras de verdad,
como hay que mirar a un niño,
te enredarán en una mirada de ensueño
que te hará comprender todo lo que te cuento.

Tenemos en las profundidades de nuestro interior, ese niño que fuimos y que ahora nos han vendido que ya no puede salir. Un día te marcan con una fecha y te cuentan que ya no eres niño, que ya no puedes llorar, que ya no puedes jugar por el suelo, arrastrarte sin más, que se cerró el cofre de tus sueños, que se perdió en la lejanía entre los últimos restos de la sabiduría de niño. Y entonces creciste.

Así que si te alcanzan los largos brazos de la pena porque ya no recuerdas que es jugar de verdad, recupera tus ojos de niño, sonríele a la realidad, juega a jugar mostrándole a los niños que los comprendes a pesar de tu edad, no hay nada más satisfactorio que sentarse al lado de un niño y escucharle de verdad.

Observa a los niños, los puedes ver todos los días esperando una sonrisa en la calle, en los parques, en los colegios. Te observan con una mirada más sana que una flor de primavera, te hablan con un corazón más limpio que el agua cristalina de una mañana de verano, te invitan a que juegues con ellos a construir castillos de amor para tener una esperanza mayor.

Escucha la voz que te quieren enseñar, te recordarán que la piedra tan dura que habita en tu interior un día también fue un aliento volcánico de amor, te enseñarán que las buenas relaciones entre personas comienza con una silueta iluminada por la sonrisa, siempre acompañada de un baño de soleados besos y de empujones de inocencia.

Sí, échale un pulso al recuerdo y avanza atrás en el tiempo para alumbrar tus ojos de niño, escucha a través de tu ventana y recuerda tu infancia. Enciende la vela de tus sueños para que dejen de ser en blanco y negro, recuerda todas esas historias fantasiosas y todas esas experiencias nuevas con las que fuiste explorando el mundo que te rodeaba y que te encumbraba en la cima del desconocimiento. Esos largos y calurosos veranos que te regalaba la vida cual caramelo caido del cielo, todo un mundo de juegos de calle hasta altas horas de la noche, y seguro que recuerdas lo mucho que te gustaba que otros jugaran contigo, igual que a los niños de ahora. Esas primeras experiencias, primeros amores, primeros amigos, esa firma firme de amistad entablada con un amigo de verdad, con una amiga de verdad, esa vida que iba creciendo paso a paso siempre desde unos ojos de niño que todavía conservas aunque estén presos del olvido, esos secretos de niño plasmados en una camaradería única, en un sentir especial. Todo eso, eso que recuerdas ahora mismo, sí que era especial.

Ahora mismo,
ahí tras las luces de tu ventana,
ese mundo que abandonaste continúa vivo, escondido a tus ojos esperando el momento de que despierte tus ojos de niño. Todo un conglomerado de niños esperan el apoyo y comprensión incondicional del adulto para juntos poder pintar el futuro justo con el que soñamos, pero también para disfrutar del aquí y el ahora del que los niños tan bien saben gozar.

Y te espera el más pequeño, son sus ojos dulces de sonrisa eterna, abrazados a las cuerdas de la simpatía fresca, que lo cojas en volandas y lo rocíes de amor, que juegues con ellos a través de tus ojos de niño y los hagas reír hasta que la risa sea tan grande y densa que os cruja la mandíbula. Que rían y que rían, así sentirás el triunfo de la vida.

Y el niño, siempre fiel y atento a los gestos del adulto, espera que lo quieras con pasión y que le eches un balón, que le ayudes a andar, a volar, a gritar, y espera lleno de hermosura que le indiques el camino para hacerse mayor conservando sus ojos de niño. El niño está necesitado de comprensión, de mares con olas de amor, de simpatía que le inunde en un profundo bienestar Pero sobre todo, lo que espera un niño cuando te observa, es un amigo que se siente a su lado y juegue a ser niño.

Los niños no son malos, nunca se lo digas.
Los niños no son violentos, sólo imitan a los violentos.
Los niños no son crueles, sólo prueban nuevos juegos,
Los niños no son culpables de nada, el adulto cobarde que se esconde y que arde es quien debe enseñar al más pequeño los senderos de la razón, no justificarse y traicionarles sin compasión.

Niño, ojos de niño
para sentir que este mundo sigue vivo,
para que desde la tristeza sintamos alivio,
para no formar parte de esta generación de simios.

Para acabar con este manifiesto deseo dejar anclado justo en el latir de vuestro recuerdo el punto más importante que quiero transmitir, y no es otro que aquel que decía que un niño espera ser amado y sentirse querido, que el niño necesita sentirse valorado y comprendido, y sobre todo apoyado, no lo olvidéis, para que su vitalidad mane desde la fuerza del amor, para que su grito nazca desde la poesía de su alma, y en lugar de desorientar tus sentidos salte con jubilosa excitación hacia el recuerdo de tus mejores años vividos.
Y como ya se que todo esto ya lo sabéis,
¿A qué esperáis para demostrárselo?



Paco

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