"- Tu profecía, poeta. ; - Mañana hablarán los mudos: el corazón y la piedra".

ANTONIO MACHADO

sábado, 23 de mayo de 2009

Dos cuerpos desnudos

Dos cuerpos desnudos en una misma cama
pueden brindarle una nueva oportunidad al amor
para que se resarcie de viejas secuelas
que mutilan versos programados por labios ardientes,
para que se rehaga, se agarre, y se acurruque un mismo amor
y sobre todo desmonte con una piedad
como olas que chocan en una misma playa
todas y cada una de las enfermedades que es capaz
de inventar un corazón.

Dos cuerpos desnudos sellados bajo el mismo
sudor intrépido y escarlata
puede hacer que a uno, o a una,
le resbalen los enfados hasta
quedarse definitivamente empañados
por la humedad del regocijo erótico.

Dos cuerpos desnudos en una misma cama
es el mejor remedio natural para alejar
siempre que los cuerpos ardan en deseo
toda esa constelación de desdichas que
se encaprichan en agujerear las almas humanas.

Dos cuerpos desnudos contagiados por el mismo deseo
en una misma cama, sin una sola sábana,
en un mismo orgasmo, sin una sola desgana,
es el mejor remedio natural
para llegar a rozar el cielo con la yema
de los dedos, y acariciarlo con los gemidos,
un tacto de algodón dulce,
un grito de amor con los ojos cerrados,
dos manos que practican el masaje intensivo
dos cuerpos desnudos que gritan de placer
y el triunfo de la sonrisa
justo al llegar el fluido a la otra orilla.

Dos cuerpos desnudos en una misma cama
es una imagen demasiado hermosa
para no repetirla cada noche y cada mañana
que espolvorea toda la síntesis del frío
y aglomera bajo un instinto desatado y erótico
todo el calor necesario para recuperar
el sentido natural de la piel desnuda.

Dos cuerpos desnudos envueltos en un solo beso
es la imagen que ahora mismo atraviesa mi cabeza
pero en vez de calentarla y sugestionarla sin concesiones
me la destroza y me la evapora
en una alarmante sequía de paciencia
porque jodidamente ahora mismo
y sin remedio alguno hasta dentro de diez horas
mi cuerpo se encuentra a diez mil metros de distancia
de mi cama, mi sábana, y sobre todo,
de mi mujer.



Paco

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