"- Tu profecía, poeta. ; - Mañana hablarán los mudos: el corazón y la piedra".

ANTONIO MACHADO

domingo, 10 de mayo de 2009

La ciudad



Se suceden mis pies
entre una vorágine de laberintos sin salidas
un golpe seco en el brazo
una boca que ni me mira
unos ojos que me gritan indiferencia
una oreja que bosteza dentro de todo este absurdo
dentro de esta descoordinación de realidades.

Siguen avanzando mis pies
pero no se sienten seguros
se apelmazan de desidia
arriba pequeños rascacielos donde respira la burguesía
abajo
justo tras la suela de mis zapatos
mierda, mucha mierda,
perdónenme
arriba, justo dentro de esos rascacielos,
también mucha mierda.

Caminan mis pies por la ciudad
tropiezan insistentemente
con gajos de felicidad y sonrisas truncadas
humanidad esposada por la pereza
de tener que gritar o tan solo susurrar
palabras que nos identifiquen con la humanidad,
eso es la ciudad
tan solo un espejismo de humanidad
tráfico intensivo de piernas que no piensan
que aceleran su paso
hacia profundas arenas
de obligaciones y de penas,
y más gajos
en esta ocasión de una enferma comunicación
nunca visité un lugar con tanto aspecto a un espectro
personas consumidas por una realidad cotidiana
convertida en una mentira aceptada
panes de apatía y mordiscos de hambre
aceptando el desencanto y las contradicciones
de una vida que parece que es la que nos ha tocado
de una vida tan malograda como aceptada.

La ciudad me produce un desgaste irremediable
de mis sentidos
de mi humanidad
de mi paciencia
de mi esperanza
y atiendo curioso de querer aprender
a las miradas perdidas de tantas personas
caminando juntas pero
fabricando distancias tan distantes
con miedo a rozarse, rizando el esperpento
les recomiendo un suspiro reparador
a tanto silencio atracado por el fracaso de la razón.

Pero también me gusta la ciudad,
cómo me gusta observarla
solo a las tres de la madrugada
cuando las cabezas reposan
en sus almohadas con sueños de egoismo
cuando el silencio es tan sano
que incluso ahuyenta los defectos
de mi negativismo
cuando por fin la incomunicación
recupera su sentido más legítimo
porque estoy yo cara a cara con el silencio
en una ciudad dormida en su propio sueño
así es como me gusta observarla
tan fría y tan callada
a las tres de la madrugada
tan fría y tan maltratada.

Me gusta
me atrae
me persuade
la noche y su soledad
los semáforos aburridos
el oscuro asfalto entreteniéndose
antes de que el sol lo reviente,
me gusta la ciudad por la noche
justo cuando amaga sus dudas
cuando reposa sus miserias
preparándose para el desgaste del caos rutinario
engrasando los misterios
ensanchando sus pulmones
contrariando el tosido del sol
cortejando la luna con poemas de amor
demostrando que el día en la ciudad
es tan solo un oasis de individualidad
y mientras el sol alumbra las miserias del día
la luna ilumina las limpias tertulias de las sombras

La ciudad, una calle, un tranvía solitario,
un tren lleno de gente solitaria, otra calle,
un centro comercial lleno de gente,
vacío de personas que piensen,
otra calle, un adiós, un edificio
demasiado bonito, y el guarda que lo aguarda,
una calle más, un edificio consumido por la vejez
del tiempo, ningún guarda lo aguarda, solo
las telarañas y una mancha de alcohol que
salió de algún borracho olvidado, otro adiós,
esta vez será eterno, esa es
la ciudad, con más pies caminando que
cabezas pensando,
acelerando el paso, atascando los frenos,
desatascando el orgullo, corazones que
corren apresurados, que forjan distancias, que
se encarcelan en su propia sangre, y ahí me
cuestiono una vez más, que no existe mayor
soledad que estar rodeado de tanta gente y
sentirte más solo que nunca, esa es la ciudad,
la ciudad y su soledad, la ciudad
que quizás sea mejor olvidar.




Paco

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