"- Tu profecía, poeta. ; - Mañana hablarán los mudos: el corazón y la piedra".

ANTONIO MACHADO

lunes, 4 de mayo de 2009

Pesadilla

Las doce de la noche. Me lanzo de cabeza hasta el excitante perfume de las sábanas. Me cuelo entre sus agujeros esperando escalar las fases del sueño hasta que las imágenes sean hechos concretos de mi fantasía, hijas de mi imaginación, madre de esas historias caóticas sin una aclaración lógica. La oscuridad mejor iluminada ha ganado la partida al olvido de los sueños y mis ojos comienzan a correr como borrachos mirando mis párpados de reojo. Comienzo a ausentarme de la realidad, a asentarme en mis sueños, a pensar que no pienso, que quizás no soy yo quien ando un poco tuerto en esa fantasía, que no alcanzo a dirigir el timón de mis sueños, y comienzo a ser consciente que mi fantasía era más libre de lo que yo creía, que ahora no controlo yo mi cuerpo, bueno mi imagen, y si, tampoco mi cuerpo, y comienzo a ser consciente de que estoy soñando.

Esta noche no soñaré con toros que no logro esquivar, no soñaré con un amor torcido que amargue mi salud al despertar, tampoco con un dolor que se clave sin permiso en mis poros enfriándolos hasta hacerme partícipe de un escalofrío corrupto, y tampoco soñaré con mi vuelo a ras del suelo intentando escapar de una plaga de zombies. Esta noche, esta como otra cualquiera, no soñaré con fuerzas políticas y sus fuerzas hipócritas, tampoco soñaré con músicos sin voz, ni con escritores sin plumas, no soñaré con horrores que me intenten convencer que quizás sea mejor no despertar y tampoco soñaré con mi voz apagada gritando para salvar a mi amada, y que nadie me escucha, y que los sudores atraviesan mi frente para dejar mi cerebro helado de terror.

Esta noche he soñado, por trigésima cuarta vez durante este año, que un examen me obligaba a regresar de donde creía ya había escapado. Esta noche soñé que de nuevo las frías aulas que jamás me convencieron volvían a buscarme asilo en su interior mientras yo, obsesionado con olvidar aquella vida de estudios, corría y corría, con angustia en mis labios, con grietas en mis ojos, con agua en mis manos, hacia personas desconocidas esperando ver una cara conocida, esperando encontrar unos apuntes que apuntaran hacia mi salvación, y solo rostros misteriosos a mi alrededor, y solo, solo, esperando conseguir unos apuntes que quizás se borraron al llorar sobre la tinta. Solo, con terror, preso de la distancia, corro y me caigo, me levanto y me caigo, miedo a una cosa absurda, a volver a hacer un examen que ya olvidé, y enloquezco, y enmudezco mi lengua y mis amistades, mis estrategias y mis habilidades, porque no se qué hacer, porque es una pesadilla, que se repite y me arrodilla, al borde del abismo con demasiada prisa, con una curiosa monotonía.

Porque así es mi pesadilla, absurda, irrisoria, uniforme, calculadora, inofensiva, aunque se repite y vuelve, por favor, que me expliquen por qué. Qué pesadilla más absurda. Qué pesadilla con tintes de tragicomedia. Eso no se puede considerar pesadilla.

Las siete de la madrugada. Los latidos del corazón del diablo me despiertan, tengo que volver a la maldita fábrica. Comienza mi verdadera pesadilla.

Paco

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