"- Tu profecía, poeta. ; - Mañana hablarán los mudos: el corazón y la piedra".

ANTONIO MACHADO

domingo, 21 de junio de 2009

Los hombres, por supuesto que lloran

Cuando un hombre llora, su corazón
es como el motor de un aire acondicionado
que se detiene lentamente porque unos dedos
lo han apagado,
su corazón parece pinchado
por un tablón cubierto de tachas,
y cada una de ellas duele, muerde,
cada punta oxidada y cubierta
por una dolorosa punzada
hace sangrar cada una de las ventanas
por las que respira el corazón de ese hombre
fantasma.

Cuando un hombre llora
un dolor frondoso toma el mando
de su llanto, son lágrimas cristalinas,
tan transparentes como las de la mujer,
tan duras como una persistente angustia,
tan necesarias como el agua al mar,
y cuando llora
la tragedia se acomoda en sus huesos
un salto hacia la realidad de unos ojos entristecidos,
el miedo pasa callado como un lunes solitario
y sin necesidad de llamar a la puerta
ahí están las lágrimas
valentonadas, eufóricas, trágicas,
saltándose todas las normas morales
quemando los estereotipos inmorales,
repartiendo agua por un rostro inerte
y el dolor que es humano
se va adueñando de cada pálpito respiratorio
de cada aliento desencajado,
y el dolor que es humano
es el mismo para el hombre que para la mujer.

El hombre llora, claro que llora,
el dolor abre una brecha en sus profundidades
rasga ese interior metódicamente
se descuelga a lo largo de los hilos venosos
escondiendo la señal de prohibido el paso
y entonces llega el dolor
y el hombre llora, y llora
bajo el relámpago de la tristeza
viviendo días de angustias irreparables
sumadas y consumadas
y llora quizás en la soledad
no porque sea un hombre
sino porque ante el acoso de una pregunta
el tenebroso nudo de su afilada garganta
podría ahorcar su respiración
hasta las termitas de su desesperación.

El hombre llora, por supuesto que si,
llora como cuervos irritados
como agua embriagada
como una luz curvada,
el hombre llora desesperado de amor,
enloqueciendo sus miserias agónicas,
sus frágiles sentimientos,
llora porque es humano
llora porque los ojos sangran
recuerdos que no han llegado.

El hombre llora encarnizadamente
aunque se esconda en sus viejas cavernas
en sus trotamundos pesares
aunque se empeñe en negar lo innegable,
llora atravesado por la amargura,
con una flecha no afilada por Cupido
sino esculpida por el mismísimo diablo,
y llora dejando en su lecho de melancolías
sábanas nuevas para cubrir el cadáver de su sonrisa
sucumbida ante el Régimen de la pena,
pero llora porque es humano
y llora porque tiene que llorar.

El hombre llora, por supuesto que también llora
y aquel que lo niegue solo tiene dos opciones:
o miente
o se le murió el corazón.


Paco

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