"- Tu profecía, poeta. ; - Mañana hablarán los mudos: el corazón y la piedra".

ANTONIO MACHADO

sábado, 15 de agosto de 2009

Después de esta vida

Para quien todavía no me conozca un poquito, he de darle la novedad que aquí quien escribe se define como una persona atea, y bajo esta descripción descansa concienzudamente todo el peso de mi conciencia.

Con esta afirmación quiero decir que el día que mi cuerpo ya no se encuentre entre los vivos, será el momento de averiguar si tal creencia era lógica o no. ¿Y si Dios existe? Se preguntan muchos, sobre todo mi madre y quién desea hacerme dudar por supuesto sin conseguirlo. Entonces te castigará y arderás en el infierno. Rematan algunos.

Veamos, veamos. Escribamos despacio y aclaremos nuestras dudas. O las de los demás. Si Dios no existe, de cual hecho aguardo ahora mismo certeza absoluta, quizás mi alma vuele definitivamente indefinidamente libre entre el cosmos, asomándose por la ventanita de su propia sonrisa para ver de cerca esas estrellas que ahora parecen tan lejanas.

Si ocurriese el caso contrario, es decir, que Dios ya sea hombre o mujer, blanco, negro, amarillo o el color que deseen colocarle, ya sea revolucionario u opresor, si Dios existiera de verdad y aguardara plácidamente allá arriba esperando la llegada de los que marchamos de este infierno, aquí quien escribe se sentará ante ese Dios y le pedirá tantas y tantas explicaciones que seguramente Dios no tenga la paciencia necesaria ni la vergüenza adecuada, y espero en tal caso que sí tenga las habilidades sociales suficientes como para recibir miles de críticas constructivas que espero muten hasta la autocrítica, y se que no podrá castigarme, y es más, si conoce qué es la humanidad, estará de mi lado.

Si por el caso contrario decide alejarme de su jardín de fieles, cosa que podría suceder porque yo tan solo soy fiel a quien se lo gana, en ese caso, quedaré bien tranquilo porque me exiliará junto a gente como Antonio Machado, Woody Allen, Luis Buñuel, Mario Benedetti, Kart Marx y entonces sí podré decir: me divierto más que los ángeles, gracias a Dios. Y sobre todo, sobre todo, porque me exiliará allá donde viaje mi mujer y esa compañía os aseguro, no la cambio ni por Dios.

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