"- Tu profecía, poeta. ; - Mañana hablarán los mudos: el corazón y la piedra".

ANTONIO MACHADO

miércoles, 30 de septiembre de 2009

El gorila sin cerebro

Él también nació de una división celular
un óvulo pactó un acuerdo con un
espermatozoide, y unieron fuerzas
para transformarse en embrión,
en vida, en el milagro de la unión.

De pequeño tuvo que ser hasta niño,
si no no comprendo cómo llegó a ser
adulto, y aunque es imposible creer
que el odio pudiera ser niño, él,
también él, tuvo que tener hasta
una infancia aunque fuese un tanto
retorcida.

Creció no quiero pensar ni con qué
valores, y se fue haciendo mayor
demostrándose tránsfuga veloz
de ideas políticas
de equipos de futbol
de amigos a traición.
Resulta que el nunca pudo
considerarse un amigo.

Mi memoria me avisa que mi
corazón y mi alma no están
capacitados para recordar
las pocas y cortas
experiencias vividas
con aquel personaje,
es por eso que ahora
tan solo lo recuerdo
en su podrido estado actual,
con su arritmia emocional
con su estupidez permanente
con su violencia vocacional.

Un día, tuvo que ser algún día
mascado por la incapacidad de amar
le atravesó el relámpago del odio
con la fuerza sonara de un trueno
y en su corazón
se quedó amueblado
todos los sentimientos capacitados
para odiar,
y se observó él mismo perfecto
para ser un auténtico inútil,
para llegar a ser un enano cerebral.

Se alistó en las fuerzas del Estado,
primero militar, ignorante sin más,
luego en en el cuerpo de los que
dicen guardan a los civiles,
y como su cerebro nunca fué regado,
pues nunca creció, y mucho menos
dió frutos, simplemente fué una
bola de carbón, achicharrado,
mezquino,
y como digo,
como su cerebro nunca estuvo
capacitado
para entender lo que las letras hablan
ni lo que los corazones sienten
ni lo que la empatía nos quiere contar,
entonces él,
con su orgullosa personalidad
se dispuso voluntariamente
a trabajar para golpear,
a trabajar para matar humanidad.

Su cuerpo se infló de esteroides
un gran empacho de productos
paranoides,
para reducir todavía maś su cerebro
hasta el tamaño de una sombra hormiga.

Finalmente se asentó a gusto
en su nuevo estadio del odio
ahora volaba con porras
a golpear a aquellos que no
pensaban cómo él,
y como él nunca llegó a pensar
pues golpeó y golpeó sin cesar,
y me lo imagino con su
boca de sonrisa postiza
apretando dientes con fuerza
salivando odios y mierdas,
me lo imagino con su rostro cubierto
golpeando a chicos y chicas,
adultos, hombres y mujeres,
trabajadores, adolescentes, adultos
avanzados, rojos, amarillos, negros,
blancos, izquierdistas, derechistas,
y me lo imagino cubierto
por la sábana de su propio rencor
con ese olor a mierda que debe
perfumar todo su alrededor,
disfrutando como un maldito necio,
y ahí me vuelvo a pellizcarme
para creerme esa cruel realidad,
que ese hijo del odio fue un día
un niño con una mirada inocente,
o no, pero que creció con la
estupidez que siempre le caracterizó,
y se convirtió bajo la mirada de Dios
en un gorila sin cerebro
y sobre todo sin perdón.

(esta historia va sobre un personaje
que comenta y fanfarronea
entre risas, que se presta voluntario
a ir a golpear en las manifestaciones
y que se lo pasa en grande. Poco más
hay que decir sobre personajes así.)

Paco

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