"- Tu profecía, poeta. ; - Mañana hablarán los mudos: el corazón y la piedra".

ANTONIO MACHADO

sábado, 26 de septiembre de 2009

El vecino

Era un hombre ejemplar, de esos de
bufanda rozando cintura, semblante afable
y voz amable. Caminaba cogido
del viento, y saludaba a voz
como el que nunca mintió, a todo
aquel que le dirigía una mirada.

Su ejemplar traje creaba expectativas
curiosas, envidias de las que llaman
sanas, pero envidias de ser aquel
hombre, aquel caminar, aquella serenidad,
aquella gran imagen.

Era de apariencia ejemplar, un trabajo
en un banco, corbatas de gran clase
social, paseos de parques bajo
frios y calores, donde las mujeres
dejaban de cercar con sus ojos
sus hijos, para atrapar aquel
hermoso rostro aunque solo
fuese un minuto. Vaya hombre,
qué carisma de buen ver,
qué trabajador, cuanto dinero,
siempre con su maleta caminando
de aquí allá.

Las voces reunen conversaciones
en las que nuestro vecino
era, cómo no, un ejemplo diurno,
y seguramente diurno,
se decían entre frescas risas
las mujeres, sobre todo
de lo que tenía que ser un
buen hombre maduro.

Las tardes coqueteando con los vecinos
el paseo entre momentos de reflexión
y el voy y vengo con la maleta
pintando su imagen de
hombre lección.

Todo aquel que se prestara a preguntar
obtendría respuestas amables de su
personalidad,
siempre con su exacta moralidad
con su imagen de estereotipo
nacional,
con su imagen de trabajador
vocacional,
siempre, siempre
con su paseo rutinario, maleta
en mano, secreto guardado.
Pero lo que no sabía la gente,
lo que no sabría la gente,
es que en aquella maleta
por la que nadie jamás le
preguntó, guardaba cuidadosamente
los pequeños pedacitos de su mujer
en los que había decidido dividirla
cuando ella le dijo:
te dejo, mi vida es mi vida.

Paco

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