"- Tu profecía, poeta. ; - Mañana hablarán los mudos: el corazón y la piedra".

ANTONIO MACHADO

martes, 29 de septiembre de 2009

La clara evidencia de la rutina

El calendario ha vuelto a dar un paso
hacia delante, trepidante y elegante
con su firme rutina y su rotundo andar,
ha abierto la puerta a un lunes más.

Esta vez el sol ha quedado introvertido
se habrá aislado allá donde no suenen
voces de cocodrilo, ni armas con sus
cuchillos, ni lamentaciones con su brillo,
se ha escondido el sol y en su lugar,
con el temor en la nalgas de aquellos
que tienen la calle como andar,
hace acto de presencia una gota fría
con sus lluvias sin frenos.

El otoño empujó con fuerza remolina
dispuesto a muscularse lo
suficiente como para golpear
al señor invierno, y este,
rencoroso y supremo,
seguramente grite en los vientos
que es el león feroz del tiempo.

Vuelven los paraguas abiertos,
las calles vacías de personas,
inundadas de agua,
charcos como alfombras.
Los árboles se tornan tiesos,
sin hojas que les den conversación,
con un temoroso gris como techo,
y el frío, maldito frío,
como hilo espeluznante que
aporta abrigos y lanas a nuestros
cuerpos de goma.

Mis pulgares se adentran mimosos
en los libros, recorren y remueven
las hojas con sutiliza y amor cautivo,
y mis ojos, ay mis ojos,
estos ojos miopes operados
por un certero laser, saltan de
palabra en palabra fantaseando
con la literatura esta vez del
Gran García Marquez.

Han vuelto la horas como fronteras,
las carreras hacia la cocina,
las tardes del sofá, la casa como
castillo,
ha vuelto a inundarse el balcón,
invadido por la soledad del
invierno, ha vuelto a temblar
el asfalto, y en las calles,
el autismo humano y el
derrame cerebral del amor
que no encuentra un escenario
su función.

Ya sobrevuela bandera rutina
agarrada helada al mastil
del oscuro y mandatario
invierno, ahora con su
aliento tránsfuga que
olvida la calor para que
el frío saboree la victoria,
y la rutina queda atrapada
en un mismo día vivido
durante unos doscientos días,
entonces admiro la fortaleza
que me rodea, y para no
caer derrotado de cabeza,
disfruto de mis pequeñas cosas,
de los pequeños tesoros de la rutina,
de la clara evidencia de mi rutina.

Paco

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