"- Tu profecía, poeta. ; - Mañana hablarán los mudos: el corazón y la piedra".

ANTONIO MACHADO

domingo, 13 de septiembre de 2009

Una pausa de cuarenta años

Hace tanto tiempo que me escondieron del sol
que mi piel es ahora el puro reflejo del temor
una pausa de cuarenta años en mi vida
durante la que me acompañaron cucarachas
y un seco dolor a orillas del olvido.

Mis huesos venturosos e inexpertos
contaban los veinte años
cuando las desgarraduras del error
entraron en acción,
mi libertad convicta pasó a ser la reina
de una peregrina rutina
que se vio obligada a husmear
entre el desorden de mi arrepentimiento.

Salí preso del juicio siendo joven y rígido
y durante cuarenta años aquí he convivido
con la inocencia de mi propio rencor
alejado del encanto de subir
una simple persiana.

Mi respiración carcelaria
ha atravesado momentos clandestinos
de ahogo refinado
hiperventilada por la estrecha flagidez
del aire
he superado el primer lloro
la segunda lamentación
el tercer imploro
y la no se cuantas depresión.

Una vida de cuarenta años en la cárcel
me ha invitado a asomarme al abismo
del tiempo
para aprender que los libros están
para leer
para esconder por encima de la luna
las palabras que nunca apalabré
y sobre todo
cuarenta años aquí adentro
me han enseñado que no enseñan nada.

Con un cuerpo retorcido entre el despropósito
una garganta silenciada y cansada
de hablarse a si misma
y un rencor ensimismado en su propio hervor,
he salido ahora ahí afuera
aproximándome a la jubilación
como el pájaro que sueltan de la jaula
con todas y cada una de sus alas
desplumadas.

No se donde quedaron todas mis sonrisas
parece que metidas en el ataud del tiempo
de lo único que puedo presumir
es de que ya no me reconoce
ni la furia del viento.
Mi única bandera es un castigo desventurado
la justicia me regateó enviándome donde
la sociedad no pudiera observarme
y con una destazada alegría
he superado mi día a día
esperando el momento de morir sin cobardía.

El mundo ahora ya no es que no me quiera
abrazar
simplemente no es el mundo en el que
yo viví
me alejaron tanto de la vida
que un canal de vientos me ha soplado
hacia el más infinito de los desalientos.

Cuarenta años con la soledades solapadas
supongo que para reconvertir a un chico errado
en un hombre de nuevo arado
no han valido más que para dejar muerto
durante tantas noches
los sueños que de pequeño ellos mismos
me enseñaron.

El mundo ya no es el que era
ahora camino solo entre desconocidos
han viajado cuarenta años no se donde
y ya no hay corazón aguantando la espera
ni un saludo ni una quimera.
El mundo me acoge cuarenta años después
para enseñarme que la la cárcel
no me ha enseñado nada.


(Las cárceles se convierten en un castigo sin más, que no pretende enseñar ni solucionar problemas, simplemente castigar. En ellas, solamente duermen habitantes de clase media bajo, lo que indica que el dinero tiene mucho que ver en esto de ser un indicador carcelario. Encerrar a alguien simplemente para castigar no vale para nada, pero mucho menos en EEUU donde las cárceles son simplemente negocios empresariales, son empresas privadas que cobran y hacen negocio por cuantos presos tengan, haciendo de este mundo un lugar estúpido)

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