"- Tu profecía, poeta. ; - Mañana hablarán los mudos: el corazón y la piedra".

ANTONIO MACHADO

jueves, 1 de octubre de 2009

Querido amor

Querido amor, no existe mayor emoción ni superior miel en mi alma, que sentarme atrapado por tus recuerdos encuadernados en mi corazón, y hacer andar mis dedos al frenético ritmo que impone el servicial amor que siento por ti.

Desde que nuestros ojos se ataron voluntariamente, desde que nuestras manos pasaron a poseer veinte dedos, ambos nos propusimos investigar en las ventanas de las estrellas, y si bien es cierto que no creo en los destinos escritos, ni en el desánimo de dejar mi futuro en manos del tiritar de la suerte, sí he de gritar desde las voces de mis tintas azules que nuestro encuentro quizás no fué tan casual, porque si no no me puedo explicar cómo el amor pudo llegar a ser tan certero.

Querido amor, la espera quedó atrapada como un buque en medio de un mar sin agua, presa de su propia desdicha, y se hizo realidad esa nueva vida de millones de puertas abiertas a la simpática llamada de la felicidad.

Tu amor transformó este roble embebido en soledad, retirado en su propio desierto de bocas secas, en un manantial fresco de riquezas húmedas y amores como frutos.

Gracias a tu mirada, el reloj perdió por fin su vergüenza y se aventuró a colocar esa manecilla que impertinentemente se mantenía desaparecida, y entonces el tiempo comenzó a caminar hacia delante, por fin, hacia delante andó nuestro amor como andan los pájaros sobre el aire, silenciosos, atrapando las notas de algún violín en los aires necesitados de calma, surcando la mirada diosa del arco iris, y andó y trotó nuestro amor al galope como dos caballos sementales que buscan atrapar en sus cabellos rizados el viento para llenarlo de amor eterno.

Y así, juntando el tuyyo, comenzamos a amar en un proceso de aprendizaje que resultó tan efectivo como los diez años que llevamos juntos, tan efectivo como la perfección de un corazón sin roturas, como estrellas divinas que se agrupan para alumbrar un inmenso fuego que se enfrentaría al tsunami más egoista cara a cara, sin temor.

Y perpetuo quedó nuestro amor, en el tiempo y en el corazón, pero sobre todo en nuestra vida y en nuestra niña.


Paco

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