"- Tu profecía, poeta. ; - Mañana hablarán los mudos: el corazón y la piedra".

ANTONIO MACHADO

martes, 13 de octubre de 2009

Sólo en la noche

Sólo en la noche, así se sentía, despedazado en medio de la soledad. Cada noche, al acostarse, esperaba la compañía de la luz de la luna para alumbrar su cuerpo en la soledad, le faltaba su amor y ese no era un trato recomendable con la vida. Había intentado pactar algún tipo de acuerdo con el destino, pero la furia de la realidad le mostraba que era imposible. Todas las noches acababa sintiéndose sólo.

Cuando cerraba los ojos y se acurrucaba como un niño pequeño en su lado preferido de la cama, una ansiedad desordenada enloquecía sus sentidos. Buscaba a su amada, se recorría los largos y claustrofóbicos pasillos meciendo su propia compasión, y así pasaba de la ilusión de caballero que galopa en busca de su princesa, a recluirse en las miserias de sus penas.

Necesitaba su amor, de sus labios, de su aroma íntimo, necesitaba germinar esas sonrisas latentes, esos coqueteos amorosos, pero en cambio, cada noche, se sentía sólo en la noche, en la espera, en la confusión, y la espada atravesaba su garganta amenazando con llegar la próxima noche hasta las raices de su corazón.

La noche del 22 de no se qué mes, volvía a bañarse en sudores repetitivos. Su sombra fantasma le acompañó hasta la terraza, observó las estrellas que hace tiempo dejaron de darle conversación y permaneció inmóvil tratando de calmar la rudeza y torquedad de su corazón.

No puedo más, se dijo a si mismo, no aguanto más esta soledad. Te he buscado por todos los pasillos que llevan hasta la luna, y en todos los rincones de este mundo fantasmal y quimérico, y cada noche me quedo sin energías, con mi pálido paladar de saliba entrecortada. Cada noche regreso sólo y derrotado en mi empeño de encontrarte, y lo que es peor, no se si mañana podré salir en tu búsqueda.

Despertó de un grito que rozaba el alarido, y se aferró al cuerpo de su mujer que intentaba calmarlo después de su desaventurado sueño. Eran las cinco de la madrugada y ella le dijo con su voz serena de cada noche.

- Cariño, no puedes intentar buscarme en todos y cada uno de los sueños. Descansa, no se, piensa en otra cosa que te guste.
- Amor mio.-le dijo él con la cara desencajada y con una voz taquicárdica.- mi amor por ti es incontrolable, digamos que inagotable, y no cesaré en mi empeño hasta que pueda controlar mis sueños y tenerte junto a mi mientras duermo, ese, sin duda alguna, es el gran reto de mi vida, o digamos de mis sueños: soñar contigo cuando así lo desee.

Paco

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