"- Tu profecía, poeta. ; - Mañana hablarán los mudos: el corazón y la piedra".

ANTONIO MACHADO

domingo, 3 de enero de 2010

La respuesta del cadáver

Cada cadáver guarda su propia teoría acerca del motivo de su desconexión con la vida. Cada cadáver tiene su propia opinión y charlotea con el silencio para recordar que su espíritu surca otras dimensiones.

Pero aquel cadáver, ese que miraba hacia los asombrados ojos de los expectantes transeuntes, se había quedado sin respuesta alguna. Sus labios tiesos, dotados de muerte injusta, de palidez carnosa, lloraban impotencia por no poder contestar. Permanecía ya cinco minutos en silencio, cubierto por una blanca tela que difícilmente escondía el terror de una muerte prematura. La boca del cadáver había quedado entreabierta, como queriendo gritarle al aire lo que no le dejaron decir, como si todavía quisiera expulsar sus últimas palabras al viento, su última muestra de seguir vivo, su última respiración que quedó atragantada entre las vértebras de la fuerza.

Su sangre, roja como su mismísimo corazón, comenzaba a helarse, glaciales de espantos y travesías de impotencia encarceladas ahora bajo un cuerpo que devorarán los gusanos muy gustosamente. Jamás volverían sus ojos a verse atropellados por la ilusión de la vida, y todo, y todo, porque el cadáver había perdido su respuesta, o mejor dicho, su respuesta quedó presa justo en medio de la nada.

El cadáver permanecía quieto, como todo buen cadáver, e inquieto porque no tuvo la opción de responder a la pregunta que el Gurdia Civil le hizo. Todo fue rápido, tanto como la luz que se marcha para siempre al apretar el interruptor, de la luz, claro, pero el interruptor que apretó el Guardia Civil fue el meditado aliento de su gatillo.

Y es que todo fue rápido. Una calle solitaria. Un Guardia Civil poseido por los retorcijones de sus tripas que se veian empujadas por un odio incontrolado. El chico con las manos expuestas al aire. Con una mirada perdida. Y de repente la voz del Guardia Civil, "¿Quien va?" preguntó el hijo del demonio, y antes de que el chico pudiera contestar, una bala orgullosísima de transportar y atravesar odio a través del aire, una bala que cruzó las partículas invisibles de luz y que descuartizó rios de átomos a su paso, se instaló en la frente del chico que pasó a ser cadáver, y que se tuvo que tragar las últimas palabras que iba a decir: "Estoy trabajando". "Estoy trabajando" quiso decir el ahora cadáver, el ahora otro invisible, pero la respuesta del cadáver, no llegó a salir jamás de su boca. Y la teoría del cadáver fue que "a uno les toca morir, para que otros vivan bajo la capa del miedo".


Paco

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