"- Tu profecía, poeta. ; - Mañana hablarán los mudos: el corazón y la piedra".

ANTONIO MACHADO

martes, 16 de marzo de 2010

Tras el muro de berlín

Calló el muro de berlín, se desplomó como quien cae muerto pero se sabe que irá a otra vida, y con sus sombras cubiertas por las ruinas, el muro desapareció y el comunismo se acabó. Llegó la paz, dicen. Llegó la nueva vida, cuentan. Los capitalistas se frotaron las manos, ya solo quedaba una pequeña isla cerca de Miami, gobernada por un diablo a ojos de los televidentes. Bueno, y la inmensa china, pero esos en occidente serían más bien considerados como extraterrestres de extrañas costumbres. Milenarios, sí, pero extraños para nosotros.

Calló el muro de berlín, y Bush padre se frotó las manos. Por entonces se invadió Panamá, claro, justificando que el hijo del diablo había impuesto una dictadura en aquellas tierras, y qué mejor que enviar a los soldados del país de la libertad para liberarlo. Lo que nadie supo, o no se quiso enterar, es que aquel hijo de satán cobraba una buena nómina por parte de los americanos y su nombre estaba dentro de los empleados de la CIA. En fin, dió igual, el muro comunista había caído.

Calló el muro de berlín, y tras él vino el muro de palestina, nuevos genocidios para viejos fantasmas. Se invadió Irak por primera vez, y un nuevo demonio llegó hasta los titulares de los telediarios capitalistas. Un tal Sadam, que sin saber por qué, perdió la guerra pero continuó con su dictadura, para años después orinarse en los pantalones tras ser su cuello degollado por una cuerda que lo mandó al otro lado. Había vuelto a ser otra vez el demonio, y claro, había que mandarlo a la otra vida, justo donde dormía el muro de berlín.

Calló el muro de berlín, pero cuatro niños ricos jugaron al monopoly con vidas humanas. Latinoamérica continuaba desangrándose, esta vez el genocida no era lo que habían llamado comunistas, creo que por entonces Stalin ya había muerto, y como consecuencia del juego de cuatro niñatos estúpidos, paises como méxico sufrían la vuelta e ida de empresas que no hicieron más que fabricar pobrezas y extorsionar vidas humanas, digamos millones de vidas humanas. Pero ya no había a quien culpar. El muro había caído. Y todos los paises latinoamericanos caían en el olvido mientras en nuestros ojos aparecía como abrir una cuenta corriente en el banco de santander, en el BBV o en cualquier otro banco de tu país.

Calló el muro de berlín, y los noventa fué una nueva época de nuevas guerras, nuevas miserias, nuevos crímenes corporacionales, nuevas tapaderas, nuevos inventos... para los mismos ricos.

Un avión un tanto confuso se estrelló contra aquellas torres que hicieron llorar al mundo entero. Bueno, al mundo occidental. Jamás se había vivido una catástrofe tan insoportable... a ojos de occidente. Los palestinos ya llevaban años y años viendo morir a sus niños, a sus abuelos, a sus mujeres, viendo piernas amputadas y renaciendo corazones cubiertos por ira justificada. En fin, sin querer alargarme, todo un cementerio humano sobre el que no había motivo para llorar: el muro comunista había caído.

Comenzaba el siglo y comenzaba una nueva guerra. La guerra contra nadie. Terroristas que se esconden y pueblos con mucho más miedo. Mientras tanto, Bush hijo se frotaba las manos. Nuevos campos para probar armamento, nuevos cuerpos violados, degollados, mutilados, para que las mismas cartillas bancarías de siempre engordarán hasta límites insostenibles.

El muro había caído. Así que ya no había culpables. El capitalismo nunca mató a nadie, no se puede juzgar a una corporación, no se puede juzgar a un asesino sin piernas y sin corazón. ¿Donde está el nuevo muro? Yo os lo diré. El nuevo muro está fijo, y firme, justamente a 50 milésimas de nuestras pupilas.

Paco

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