"- Tu profecía, poeta. ; - Mañana hablarán los mudos: el corazón y la piedra".

ANTONIO MACHADO

miércoles, 26 de mayo de 2010

¡Alto ahí!

Microbio en una selva sin plantas, los dioses con su microscopio de lentes desenfocadas me observan en la lejanía, no ando sino susurro al suelo que mis pies no saben donde ir, el dia es largo, sin besos, sin roces, sin miradas de consuelo. Un cosquilleo extraño escala la cima de mi espalda y se apodera de mi cuello. El reflejo del espasmo en mi cintura. Aquí estoy solo. No perdido. Sólo solo. He salido a la calle a ser el que no quiero ser. No he sonreido. Habían siete policías jugando con niños. Los montaban a caballo. Les dejaban pitar sus vehículos. Las calles cortadas. Las sirenas molestando al que duerme a estas horas. Y un niño ha cogido el micro. Ha gritado. ¡Alto ahí! Y lo ha vuelto a hacer. ¡Alto ahí! Mis ojos se han retorcido en su propio esfuerzo porque deseaban girarse y mirar la estúpida escena. Pero mi mente ha vuelto a vencer. No me giré. No quería detenerme en el error. En el esperpento. ¡Alto ahí! Los niños soñaban con ser policías. Gritaban ¡Alto ahí! supongo que pensaban en algún moro, en algún árabe, en algún delincuente de clase social baja. Supongo que ¡Alto ahí! no sería hacia los ladrones del senado. Yo me escurría en mi propio cansancio. Demasiadas horas trabajando. Demasiado cansado como para pensar. Demasiada estúpida la vida para tomársela demasiado en serio. Así que he vuelto a ser microbio en mi selva sin plantas, observado por los dioses inexistentes en la distancia, y seguramente esta noche cuando me vaya a dormir, mi último pensamiento del día será ineludiblemente ¡Alto ahí! Aunque yo, como siempre, no me detendré.

Paco

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