"- Tu profecía, poeta. ; - Mañana hablarán los mudos: el corazón y la piedra".

ANTONIO MACHADO

viernes, 28 de mayo de 2010

Hablando se entiende la gente

Desde el primer día que se sentó en la piedra comprendió que aquel lugar iba a ser mágico para siempre. Los recuerdos se le acumulaban produciéndole cosquillas en su misma alegría, y eso siempre le había gustado. Sin embargo, día tras día, año tras año, se sentaba en aquella piedra observando el mundo tras sus ojos y había algo que no le gustaba.

El parque era un lugar de reunión. Más bien para los padres y madres que se sentaban en los bancos buscando desconsoladamente una sombra que amortiguara la extrema pesadez del sol. La gente hablaba por hablar, se intercambiaban las mismas conversaciones día tras día, los mismos lloros, las mismas quejas, los mismos rencores, los mismos despropósitos. Pero había un tema de conversación que unía a todos los visitantes del parque. Un señor, de avanzada edad, de extensas barbas que llegaban a rozar el techo del suelo, se sentaba día tras día, mes tras mes, año tras año, en aquella solitaria piedra que nunca sabían si era el comienzo del muro derruido o era el final del propio muro.

Cuando la conversación acerca del señor oscuro ocupaba el centro del diálogo, las mujeres y hombres que permanecían cerca del coro se aproximaban y se dejaban caer como quien no quiere la cosa. El rumor de que aquella persona quizás no fuese humana, o la posibilidad de que fuera un violador de niños, o quizás un asesino en serie que cada día busca el momento perfecto para descargar sus instintos sobre alguna presa fácil, iba adoptando cada día distintas formas. Eran cientos los rumores que nacían días tras día sobre aquel señor que, como cada tarde, se aproximaba a la piedra con su sobrero oscuro, limpiaba con un pañuelo verde la piedra, dejaba escapar un suspiro alegre y se sentaba a observar todos y cada uno de los detalles que pintaba el propio parque.

La gente se preguntaba por qué aquel señor no quería hablar con nadie. Incluso llegaron a insinuar las malas voces que realmente no tenía lengua, que se la extirparon en alguna operación de estas bastante complicadas, o incluso llegaron a comentar también que el hombre era una serpiente, y por eso no hablaba. La cuestión es que naide lo había visto hablar, era cierto, y la gente del parque durante los últimos meses había comenzado a planificar una estrategi, digamos militar, para hacer que el hombre hablara. Claro, necesitaban saber si realmente era una serpiente o no.

Una tarde de estas durante las que el sol quema más de lo debido y el viento parece que enloqueció transportando el peso de tanto calor, una de las mujeres del coro no pudo aguantar más el misterio. "Tengo que hacerle hablar" "¿Y si es un secuestrador de verdad, o incluso una serpiente reencarnada en hombre?". Así que con la valentía que le otorga pertenecer a un grupo numeroso de personas, la mujer se acercó sin disimular el misterio que pincelaba su rostro hasta la sombra del señor oscuro.

Una vez llegó a su altura, y con la voz titubeante, la mujer le preguntó: "hola, mire, nos estamos preguntando si necesita usted ayuda. Es que lo vemos durante años que viene aquí y se sienta en esta piedra y nos observa a todos, y claro, no sabemos cual es el motivo y ciertamente, nos inquieta un poco. ¿Habla mi idioma?" terminó preguntándole. Y de seguida la mujer se dio cuenta que la última pregunta quizás fue un tanto ridícula, pero claro, es que aquel señor oscuro jamás había cruzado una palabra con nadie.

El señor oscuro se puso en pie de inmediato ante el contínuo aceleramiento del corazón de la mujer. Se quitó el sombrero de forma suave y dócil, dejó desprender levemente una sonrisa amiga desde su boca y con una voz conquistada por la calma y generadora de amistad le dijo a la mujer: "Hola. Me alegra mucho poder escucharla. En este parque me crié yo de pequeño. Aprendí a jugar aquí mismo. Mis hijos aprendieron a jugar en este espacio. Y esta piedra, la misma durante la que me siento día tras día, fue el lugar donde mi mujer y yo nos besamos por primera vez. Este lugar es especial, mágico, realmente toda una vida para mi, y me gusta venir a observarlo día tras día. Pero hace años comencé a tener un sentimiento que me aterrorizaba, que no me gustaba nada. Observo a las personas todos los días y un día me dije a mi mismo: parece que las personas han perdido las ganas de hablar, no hay comunicación, esto ya no es como antes, voy a esperar a que alguien me diga por lo menos buenos días, o buenas tardes. Desde entonces han pasado doce años, y todavía no crucé palabra aquí con nadie. Imagínese la ilusión que me hizo cuando la vi venir hacia mi. Ahora que hemos roto el silencio espero que sigamos hablando en los próximos días, porque sin duda alguna, hablando se entiende la gente".

Paco

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