"- Tu profecía, poeta. ; - Mañana hablarán los mudos: el corazón y la piedra".

ANTONIO MACHADO

lunes, 31 de mayo de 2010

Un sueño sin recuerdo

Después de las tres de la madrugada ya no me quedaba ni un solo sueño limpio, ni uno solo, los había consumido durante los dos primeros asaltos REM, que como la mayoría de las veces en las que mi cuerpo está retorcidamente cansado, suelen ofrecerse con desorbitante rapidez.

A eso de pasadas las tres y treinta minutos mis ojos volvieron a agitarse con sumo descontrol y una serie de pesadillas incontrolables me arrinconaron en el estrecho frío de la oscuridad. Estaba sólo, perdido, a disposición de mi inconsciente que en ciertas ocasiones se empeña en mostrarse como un auténtico energúmeno, y entonces apareciste tu. El miedo a convertirme en algo parecido a ti, la monstruosa presencia de tu aliento cerca del mío, aunque se tratase tan solo de un sueño, o la simple sospecha de que tu imagen quedara grabada en cualquier habitáculo de mi memoria, tuvo que hundir cualquier esfuerzo de mi recuerdo posterior por sobrevivir a tal castigo. Tu bigote de caracterizado dictador, tu prepotencia de dios de los ignorantes, tu mirada de reflejo delirante, no se en sí mismo qué fue, pero lo que es cierto es que te sobran cualidades para convencer a mi otro yo, ese que imagina mientras yo duermo, para que no me torture con tu recuerdo en mis plácidos instantes diurnos.

Tuvo que ser más o menos a eso de las nueve menos tres minutos cuando de un zarpazo efectivo mis ojos se abrieron recordándome que debía ir a trabajar, y sin ser apenas consciente, lo que más me atraía del día era que en ningún momento me iba a acordar de tu prensencia en mis sueños, porque seguramente en mi sueño, pistola en mano, habría abierto un nuevo tunel con una bala que cruzaría a oscuras tu occipital y la extrema alegría de sus consecuencias seguramente habrían conseguido que continuara durmiendo plácidamente... sin despertarme.

Paco

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