"- Tu profecía, poeta. ; - Mañana hablarán los mudos: el corazón y la piedra".

ANTONIO MACHADO

viernes, 11 de junio de 2010

El abecedario inconformista. b. Beso.

Un beso me salvará de morir arrodillado frente al ejército impune de la tristeza. Un beso que lucha por no transformarse en helada escarcha a manos de una madrugada mutilada. Todo funciona a ralentí, perverso desacople entre cuerpo y mente, la obstrucción de la alegría, atrincherada en las lejanas tierras de mi corazón, inhibida a marchas forzadas. Aunque si te fijas bien todo sobrevive y lo hace gracias a un beso. A tu beso. El beso que todo el mundo necesita. El mundo pretende ser cruel, pero un beso es un beso, y los males de corazón y de huesos tienen en el beso a su enemigo más invencible. El beso, sí. Llorar es sencillo, demasiado sencillo en estos locos tiempos, bocas y manos andan ciegas sin piernas, los ojos se oxidan con una facilidad asombrosa, el miedo forma parte del desayuno, de la comida, de la cena, con o sin estrellas, es lo mismo, el miedo es el miedo, y el beso su gran enemigo. El terror adopta su forma más abrupta en nuestras almas, y todo, es decir, lo que creemos que suma todo, sucumbe a la tristeza expandida, que, sin duda alguna, es el gran enemigo del corazón. Es manipulación, es ignorancia, frustración, un trago de rencor, hacer malabares con las pocas sonrisas que nos pueden quedar, pero si rebuscamos en lo más antiguo de nuestros instintos, nos daremos cuenta que es necesario el beso, necesario para saber qué nos puede salvar del suicidio de nuestras propias emociones. Sí, en efecto, el beso. Un beso es un beso. Un beso humano. Un beso de amistad. Un beso de amor. Porque cuando los labios se utilizan para amar en lugar de para formar palabras de odio, entonces es cuando se abre el camino que nos llevará a la salvación. Besa y ama. Tu eliges.

Paco

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