"- Tu profecía, poeta. ; - Mañana hablarán los mudos: el corazón y la piedra".

ANTONIO MACHADO

lunes, 21 de junio de 2010

El abecedario inconformista. F. Felicidad.

La felicidad existe. Siempre está ahí. A veces la esconden las grisáceas polillas nocturnas, la amagan, la endurecen, la silencian, y otras veces es simplemente el aire, de inexistente expresividad, de anomalías respiratorias, el aire, que la empuja hasta donde llega la muerte de tus ojos. Pero no os equivoquéis, la felicidad siempre está ahí, sentada sobre su viejo sofá, rodeada de polvo picoteado por la luz de la soledad, alumbrada por su luz tenue, esperando dar la salida a conversaciones diarias, esperando que la saquen a pasear.

En ocasiones uno puede hablar con la boca desgastada, con los colmillos afilados, o puedes creerte con la misma utilidad que un martillo en medio del mar, pero será el olvido lo que te haga ser derrotado por la versión más asesina del agua. El olvido de recordar que la felicidad siempre está ahí, aunque se cruce en el camino con la histeria, con el dolor, con los pantanos de la tristeza, la felicidad siempre está ahí. Olvidarnos que podemos ser felices es la trampa más cruel de la tristeza.

Como todo el mundo cree, y yo no iba a ser menos, yo creía que la felicidad era o no era. Ah! Fatídico defecto de la tendencia a minimizar las opciones. Ah! Maldito engranaje el del todo o nada. Ya está bien de sabotear las emociones. Vamos a ser piratas con sentido de una vez por todas. Pocas cosas pueden tener tan solo dos opciones, tan solo una competitividad extrema, ganar o perder, vivir o morir, pero la felicidad es tan soberbiamente hermosa que no puede limitarse a ser tan solo las dos caras de una misma moneda.. La felicidad es mucho más.

La felicidad no puede ser a todas horas. No puedes vivir en un tiempo de felicidad absoluta. Por el contrario, tampoco puedes vivir en una telaraña. Demasiado incómoda para poder soñar No puede ser que la felicidad haya cogido sus maletas y te abandone. ¿Dónde va a ir? ¿Viajera? Quizás. Pero siempre al alcance de tus sentidos. La felicidad, recuérdala, está ahí.

Pinceladas de felicidad. Eso escuché una vez. No somos felices, tenemos pinceladas de felicidad. Me dijeron. Ah no, no, no, no. Yo no soy un cuadro, yo no quiero que me cuelguen en una pared para verme muerto en el tiempo. Yo quiero averiguar qué es la felicidad, y así me introduje en una batalla sin piedad rostro a rostro, lágrima a lágrima, contra los guerreros de la tristeza. Cadáveres y cuervos quedaron atrás, minutos atados al tiempo que tan solo podían liberarse con los recuerdos, experiencias furtivas abandonadas de las manos de hechiceros, en esto no hay magia, no hay que dejar nada en manos del desorden emocional, y así, simple y real como la vida misma, fui escribiendo en mi alma qué entendía yo por felicidad.

No podemos pretender ser felices todos los días a todas horas. No podemos creer que la vida acaba cuando la pareja se besa y el centro de la pantalla es ocupado por un “the end” incomprensible. No podemos dejar nada en manos del destino. Su avaricia y su ineptitud devorarían nuestras decisiones, y no podemos dejar de decidir sobre el asfalto de nuestros caminos.

La felicidad la tenemos ahí delante las 24 horas del día, asoma su hocico impalpable y husmea nuestras almas. No es visible, viste de incorpórea, humilde, esperando que la extraigas de su tedio. Tu estás al otro lado, ya ni te acuerdas que la felicidad es un derecho, una necesidad, y piensas con el corazón desteñido. Te has acostumbrado a inutilizar tu sonrisa, tan calladita tomando el sol en su desierto, y tu sediento, sedienta, de felicidad, de observar lo invisible, de querer juntar en tus manos todas las estrellas al mismo tiempo.

No es cierto que no podamos ser felices. No es cierto que tengamos que ser siempre felices. Ni todo. Ni nada. Ni siempre. Ni nunca. La felicidad está ahí, digamos que es como si fuera una persona, un amor, una amiga, un amigo, un extraño, y no puedes verla durante las 24 horas del día, charlas con ella, luego te despides, se marcha, tu a tu casa, ella quien sabe donde, pero vive, está ahí, y mañana tendrás la oportunidad de volver a conversar con ella. Porque está ahí. Tan solo tienes que buscarla. Si la buscas, con tus sentidos bien atentos, la encontrarás.

Cuando creas que llevas medio año sumergido, sumergida, en un baño de tristeza, cuando creas que la felicidad se ha enfadado contigo, recuerda que la felicidad no se ha escondido, recuerda que siempre ha estado ahí, aunque no disponible a todas horas, pero está ahí, a nuestro alcance, a dos esquinas más allá de nuestro último recuerdo.

Paco

2 comentarios:

  1. ooohhhhhh, hermosisimo, grandioso, valiosisimo escrito!

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