"- Tu profecía, poeta. ; - Mañana hablarán los mudos: el corazón y la piedra".

ANTONIO MACHADO

viernes, 18 de junio de 2010

El verdadero cuento de la cenicienta

La cenicienta corre sin mirar atrás. Corre escaleras abajo. El reloj la apunta amenazándola con convertirla otra vez en otra, en una no princesa, en lo que es, y la vida le volverá a dar calabazas. Por una noche en la vida saboreó qué es la vida. Hermosa ella, como no podía ser de otra forma, de silueta delgada y de cintura quizás un 34, adentrándose poco a poco en la navaja de la anorexia, había pasado una noche mágica, rodeada de personas ricas, de risas hipócritas, de relucientes joyas e inmensa cantidad de manjares exquisitos. Hermosa ella, había bailado con el príncipe, quien sabe cuanta cocaína demolieron desde los anillos de los dioses hasta sus propias narices, bailando mecida por las manos y los ojos de un príncipe que jamás se hubiera fijado en su condición social. Quizás fueron las drogas lo que lo condicionaron todo Pero ahora, desgraciadamente, la cenicienta corre y corre, volverá a transformarse en una esclava, pero qué mas da, ha sido princesa durante una noche.

El zapato da vueltas estúpidamente como queriendo perderse entre los instintos del destino. Y se pierde. Ella va camino de sus catorce horas de trabajo diario, de sus miradas atadas al suelo y su silencio aprisionado entre las paredes de su sien.

El príncipe la busca, registra casa por casa buscando un pie perfecto, da igual que lo dejes entrar, él entrará y si hace falta golpeará la puerta hasta derrumbarla. Y si alguna mujer se niega, aprenderá a dejar caer la cabeza en el frío suelo del calabozo. Es lo que hay. El príncipe busca y busca, y sigue buscando una mujer para hacer con ella lo que le de la gana. Matará a quien se interponga en su camino. Es legal en su reino.

Las mujeres en general lo esperan apasionadas, esperando ser recluidas por el poder, se endulzan y se derriten queriendo calzar el pie de una esclava para ser princesas, para ser ricas, para amasar mucho poder y hacer lo que les plazca.

La cenicienta, la no princesa, espera ilusionada. Babea espuma sucia, quiere ser otra, que le besen los pies. Y el príncipe entró, y la miró, y se acercó, y fue la primera y la única vez que se puso a sus pies, y con la misma mirada con la que había hundido en la miseria a millones de personas, con la misma templanza con la que compraba y vendía esclavos, y con la misma inercia con la que se acostaba con una mujer u otra, ya fuera en el deseo o en la fuerza, le dijo a la cenicienta: es tu pie, ahora eres mía. Y ella, sonriendo cómo sonríe una piedra partida, se olvidó con extrema facilidad de que aquel individuo y su familia habían hecho esclavos a toda su familia, pero qué mas da, aún así a ella le habían enseñado lo bonito que era ser rica y poderosa, princesa y no esclava, así que se dijo así misma: ya tengo dinero y poder. Ya lo tengo todo.


Paco

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