"- Tu profecía, poeta. ; - Mañana hablarán los mudos: el corazón y la piedra".

ANTONIO MACHADO

miércoles, 16 de junio de 2010

Encadenado a las estrellas

El reloj marca pasadas la una, enmudecido en su propio desierto, y he salido a encadenarme a las estrellas, a ver si me descuelgo esta pequeña ansiedad que va construyendo de grietas el camino que se abre desde mi estómago, y que pasando por las paredes de mis instintos, llega hasta el desordenado cajón de mis ideas. Ahí tengo varias a las que deseo abrirle la puerta de su jaula a ver si son capaces de volar por sí mismas, pero mis dedos pesan, las uñas están demasiado largas, y el sudor de la cama me ha dejado maltrecho.

Se me ha ocurrido matarlas, aún no se cómo, pero no dejaría de ser una grotesca conducta parricida, así que he considerado mejor desangrarlas con el desgarro de mis dedos, y con la tinta que me acompaña.

Pienso en si escribir sobre la falsedad o más bien sobre la felicidad, y ahí se instala en mi, trotando con un caminar lento pero efectivo, unas tremendas ganas de vencer al monólogo sin fin y vaciar en el Universo todo este mundo que llevo dentro por explorar.

Es tarde. Me pesan los ojos. Tan solo juego a enloquecer al aburrimiento. A veces lo despisto, otras veces no, y me persigue como un canalla borracho hambriento de burla cruel. Por fortuna la noche me gusta, perderme en su mágico silencio, escuchar los acordes de un viento casi muerto, el perro que no entiende que no son horas de quejarse, la libreta y el Boli, que en medio de esta oscuridad han conseguido hacerme soñar con un nuevo amanecer. Ah ¡Ya lo tengo claro. Ahora sí. Creo que escribiré sobre la felicidad. Porque la mejor forma de vencer al tiempo, es armándote de sonrisas.

Paco

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